¡BIENVENIDOS (AS)!

Educar en valores es una tarea trascendente y urgente. Este espacio quiere ser una pequeña
ventana abierta para aportar en este
camino extenso y difícil.
Mantengamos encendida esta llamita porque, junto a otras,
podemos hacer fogata.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Del significado de educar en valores

Cada vez se hace más necesario tener un enfoque amplio sobre el significado de la educación en valores en los centros educativos. No podemos reducir la formacion en valores al "buen comportamiento" ajustado a normas o simplemente la manifestación de actitudes esperadas especialmente relacionadas con el rol de estudiante: responsabilidad, disciplina, atención, respeto.  

Educar en valores en un proceso mucho más amplio y complejo. Está vinculado con la necesidad del ser humano de aprender a vivir con los demás, así como de crecer internamente. Esta formación se orienta a alcanzar la propia madurez emocional, psicológica y espiritual y el desarrollo de actitudes positivas ante el mundo; actitudes que posibiliten la exteriorización de potencialidades individuales y de grupo y, al mismo tiempo, el mejoramiento de la calidad en las relaciones e interacciones colectivas.

Bajo esta percepción, educar en valores es educar para la vida, acompañando en el camino de descubrir el sentido de vivir, de tal modo que la persona pueda construir su propio proyecto de realización personal. Es orientar en el desarrollo de criterios modeladores de las conductas que permitan la coherencia entre las actitudes y el razonamiento.

También es enseñar para la diversidad y el aporte activo como ciudadano en el mejoramiento de la cultura y de la sociedad, asumiendo una ética de mínimos que permita la vida colectiva y el consenso en la sociedad civil. La educación en valores tiene un gran desafío ante las problemáticas de vida que padecen los países latinoamericanos, pues se trata de formar para la construcción de nuevos modelos civilizatorios, donde el proceso de occidentalización sea superado para contribuir al descubrimiento y la inclusión de las culturas propias desde una perspectiva ética de liberación.

Los seres humanos, además de biología o sociología somos espíritu, es decir, somos seres  capaces de transcender, de tener vitalidad, fuerza para la vida, seres que necesitan encontrar respuestas a preguntas fundamentales sobre el sentido de vivir; esta espiritualidad hay que cultivarla, no con dogmas que encierran y distancian la posibilidad de encuentro con los demás, sino con testimonios de fe  y de entrega de amor a todos (as).

Una escuela que asume la educación en valores debe orientarse hacia el desarrollo de la autonomía moral, promoviendo vivencias que ayuden a descubrir valores universales para que la persona actúe en función de ellos por convencimiento propio y no por coerción; se debe promover el desarrollo de la capacidad de decisión, de elección y definición de los valores propios en un marco de respeto de la diversidad.

Algunos autores que se ubican en la perspectiva de desarrollo de la autonomía moral han propuesto el desarrollo de habilidades y destrezas que faciliten un modo adecuado de enfrentarse a los conflictos morales, estas son: el juicio moral, el autoconocimiento, habilidades dialógicas, comprensión crítica, toma de conciencia y autorregulación.

Existen tres tipos de aprendizajes que se deben desarrollar en los alumnos en un currículo de formación ética: los procedimientos, es decir, el aprendizaje de las habilidades antes señaladas; el aprendizaje de los hechos, conceptos y teorías relacionados con los valores; y el aprendizaje de valores, actitudes y normas deseables universalmente. Todo ello se convierte en finalidades para un currículo de educación moral que tiene como orientación última la autonomía moral.  Es importante destacar que estos aprendizajes se relacionan con los tres aspectos de la persona que deben atenderse: la cognición, la afectividad y el comportamiento.

La tarea de la escuela va mucho más allá de la mera formación intelectual, o de la enseñanza de actitudes relacionadas con el ambiente escolar, pues se trata de la humanización de la persona. Esto supone una educación orientada hacia su formación integral, asumiéndose como ser individual con una afectividad y psicología propia, pero además como ser en relación con semejantes con quienes establece una red de comunicación, ubicado en un entorno social y ambiental como espacios donde desarrolla la vida propia y colectiva, y como ser con una dimensión espiritual y trascendente.

domingo, 4 de septiembre de 2011

El gusto de leer

Era una tarde de un día cualquiera de hace varios años atrás. En el patio de mi casa se escuchaba cómo la madre enseñaba a leer a su hijo de corta edad. Sería la hora de las tareas, estaría dándole la lección de turno:
- “sa, se, si , so su... la s con la a, sa....; lee: Sisa se sale sola... a ver, ¿qué dice aquí...?”.

Al parecer el niño estaba un poco distraído, tal vez estaría ya cansado entre tantas sas, ses... y sus. El tono de voz de la madre comienza a subir:
-          ¿Qué dice aquí? _ El niño titubeante responde:
-          Si... ca.
-          -¡No! ¿No ves las letras? Si... sa...
El niño con el pensamiento puesto tal vez en el juego de pelota, o en el programa de TV... y como si estuviese atragantado de comida, dice: -¡No quiero más!. Y la madre, preocupada por la lección que no la sabía, agarra una correa y le da  a la mesa con ella:
- ¡Tú no te levantas de aquí hasta que no me digas la lección completa! _ Y el niño con sollozos intentaba una vez más: - Si... ca...
Y así pasaban las tardes, y así el niño aprendió a leer...

 Pero... ¿Aprendió?

Tal vez este niño, en el mejor de los casos, continuó en la escuela, tal vez fue un buen estudiante, responsable, que hizo bien sus exámenes y trabajos, entre otras razones porque tenía una madre que lo “ayudaba” todas las tardes y le enseñaba probablemente como lo hacía la maestra.

Tal vez ahora ese niño sea médico, abogado, o quién sabe si educador. Habrá leído unos cuantos libros o guías (fotocopias de partes de libros) y escrito otros tantos informes y trabajos para poder graduarse y tener su título. Pero, ¿cuántos libros completos habrá leído por afición, sólo por el gusto de leerlos; cuántas ideas, pensamientos, sentimientos propios habrá escrito entre tantos informes. Porque desde aquel “sa,se,si...” todo lo relativo a la lectura y escritura seguramente lo hizo porque era obligación, no porque era un placer.

Podemos pasarnos toda la vida sin descubrir la magia del cuento o de la poesía, sin descubrir las emociones que despierta la narrativa en una novela, sin darnos cuenta que un autor, un libro nos puede cambiar el rumbo de la existencia. Podemos pasarnos la vida desconectados del mundo porque nunca saboreamos lo sabroso que es estar informados o investigar para comprender algo que nos inquietaba. Aunque hayamos escrito una tesis, podemos morirnos sin aprender a decir nuestra palabra, sin acariciar nuestro pensamiento, nuestra afectividad materializados en un verso, en párrafos, en ideas ordenadas y coherentes; podemos pasar por el vida sin disfrutar de la libertad que supone expresarnos, regalarnos a los demás a través de la palabra. Y es que leer no es decodificar signos, como tampoco escribir es copiar. Leer es encuentro, es crecimiento espiritual, afectivo e intelectual, es medio para convertirnos en ciudadanos capaces de sentir y hacer conciencia de la realidad, al propio tiempo que es viaje a otros mundos insospechados, leer es comprensión que nos aclara  interrogantes para después crear. La lectura permite la producción de ideas, es fuente, así como lo es la experiencia, los sueños y el arte.

Es trágico pensar que nosotros somos aquel niño que una tarde escuché cómo era “mal enseñado” y como “mal aprendía”; porque la mayoría de los venezolanos, especialmente los que ahora somos adultos, creemos que “la letra con sangre entra”,  y lo peor es que así seguimos. Aunque nos resulte difícil creerlo, todavía así enseñamos en muchos lugares, no con amor y paciencia, sino con el terror que produce la correa, el grito o la amenaza; enseñamos lejos de la vida real manteniendo abstracciones sin sentido, y lejos de construir aprendizajes en un ambiente grato.

Para aprender a leer y a escribir se tienen que cambiar las concepciones erradas sobre la lectura, escritura y cómo se aprende, e incorporar en los métodos y estrategias el gusto, el placer absolutamente conectado con la atención a las necesidades o intereses,  para poder valorar, desde allí, el universo de significados que hay y puede haber en las palabras escritas, las que leemos o las que podemos decir. 

miércoles, 24 de agosto de 2011

Educar para el pensamiento flexible

Cuentan que un hombre estaba poniendo flores en  la tumba de su esposa, cuando vio a un anciano chino colocando un plato de arroz en otra tumba. El hombre se dirigió al chino y le preguntó: “Disculpe señor, de verdad cree usted que el difundo vendrá a comer arroz?” “Claro”, respondió el chino, “cuando el suyo venga a oler las flores”.

Este es un cuento al que hace referencia Walter Riso en su libro "El poder  del pensamiento flexible".  Sin duda una graciosa forma de asomarnos a la rigidez de las ideas, costumbres y convicciones propias. Rigidez en la que, muchas veces, quedamos atrapados sin posibilidad de dejar espacio para la aceptación del pensamiento de los demás.

El pensamiento flexible es anti dogmático, sencillo y crítico. La persona de pensamiento flexible no se impone, no se obsesiona con la verdad propia, es capaz de dialogar, especialmente de aprender de situaciones, otras personas y experiencias. Es capaz de dudar, de tener autocrítica  y  sensibilizarse con el pensamiento del otro aunque no lo comparta; en otras palabras, es una persona libre de sí misma.

No confundamos el relativismo o la falta de credo con la flexibilidad,  pues no se trata de considerar que todo vale, o no tener convicciones y compromiso;  se trata es de ser empático y de tener apertura para ver todo lo que hay en el exterior buscando puntos de encuentro y desencuentro, apertura necesaria para cuestionar “lo establecido” y lograr transformaciones, también para avanzar en una perspectiva espiritual unitaria cimiento de la fraternidad. Flexibilidad es más que tolerancia, pues implica “dejarme tocar”, “removerme”, “reacomodarme”; no es una escucha sorda en la que "no me queda más remedio que", pues me involucra en un dinamismo que se genera en las relaciones sociales que establezco con los otros.

En este mundo cargado de dogmas de todo tipo: religiosos, políticos, culturales; en esta historia de fundamentalismos que mucho daño han hecho  a la humanidad en el pasado,  presente y que, lastimosamente, por un largo tiempo seguirán haciendo daño; se hace imprescindible educar para el desarrollo de un pensamiento flexible, para el crecimiento de personas autocríticas, democráticas, libres de miedos; educar también para una espiritualidad de la unidad como dirían los focolarinos, es decir una espiritualidad que nos ayude a vernos como iguales en la fe, a mirar lo que nos une,  que es la esencia, en lugar de enfocarnos  en el dogma que nos separa. Una educación que nos ayude a encontrarnos como ciudadanos que comparten un mismo espacio, conviven y construyen un país y mundo con los mismos derechos y deberes.

Hace falta educar en los centros educativos, pero también en la iglesia, en el partido político, en los medios de comunicación. Todos son lugares de aprendizaje que tienen una responsabilidad en la formación del ciudadano y ciudadana que se necesita para no destruirnos por razones ideológicas, políticas, religiosas o culturales. Hace falta una nueva educación que se vacíe de su propia cultura, de su propia inflexibilidad, de sus grandes currículos preestablecidos para darle paso a la pregunta, a la duda, a la divergencia, a la diversidad, es decir al pensamiento flexible.

sábado, 13 de agosto de 2011

Los conflictos en el centro educativo

En educación solemos encontrarnos con situaciones conflictivas entre grupos de estudiantes de distintas edades, entre grupos de un mismo salón de clases, entre representantes y docentes, docentes entre sí, docentes y equipo directivo… Jares Xesús propone una clasificación de los conflictos que se presentan en la institución escolar en función de sus causas:

1.- Idiológico-científicas: opciones contrapuestas tanto en el plano pedagógico, ideológico (definición de escuela) u organizativo. También cultura o culturas escolares que conviven en el centro, etc.
2.- Relaciones con el poder: control de la organización, promoción profesional, acceso a los recursos y toma de decisiones, etc.
3.-Relacionadas con la estructura: ambigüedad de metas y funciones, celularismo, debilidad organizativa, etc.
4.- Relacionadas con cuestiones personales y de relación interpersonal: estima propia, afirmación, seguridad, insatisfacción laboral, comunicación deficiente y/o desigual, etc.

Detallar esta clasificación es interesante por cuanto nos permite ubicar el conflicto más allá del comportamiento de los estudiantes; pues normalmente para los educadores, los protagonistas de los conflictos son ellos, cuesta visualizar que pueden existir, y de hecho existen, muchas situaciones conflictivas en las diferentes relaciones que establecemos en el centro educativo, donde estamos involucrados los educadores o personal en general.

El directivo es mediador en estos conflictos, negociador que busca los puntos de encuentro de las partes, donde muchas veces él mismo no está exento. Ello supone la creación de una dinámica de funcionamiento que permita la comunicación permanente, el trabajo de equipo, la construcción de un marco de convivencia, el fortalecimiento de las relaciones sociales que se establecen sobre la base de un proyecto común.  Lo peor que puede hacer el directivo como líder es no escuchar, dejar pasar, alinearse. La manera de enfrentar estas situaciones de conflicto, sugiere un “modelo” de comportamiento a seguir que forma parte del currículo oculto que se introyecta en la cultura escolar, y se “aprende”, aunque no estemos dando una clase sobre el tema. Esto implica que aprender a dialogar, llegar a acuerdos, ceder, ser tolerante con el diferente, ser asertivo… debe ser parte del estilo de relaciones escolares de todos los sujetos, y el director como líder debe promover ese estilo humanizador.

Por otra parte, en los conflictos con los estudiantes, la respuesta reactiva del educador genera mayores malestares y, lejos de ser camino para su resolución, se convierte en “leña” que aviva el fuego. Es necesario detectar lo que ocasiona el conflicto para poder encontrar su solución adecuada. Cuando un alumno habla mucho en clase, no presta atención, molesta o agrede a los compañeros solemos etiquetarlo, consideramos que el problema es él, porque no acata las normas, por tanto lo sancionamos y reprimimos sin analizar la situación. No caemos en cuenta de que probablemente haya una contraposición entre la naturaleza del estudiante y la norma de la escuela, los intereses del estudiante y lo que estudia en clase, las necesidades de afecto y el trato del docente o sus compañeros, la experiencia de vida y el patrón de conducta que esperamos.

La actitud del educador debe ser evaluar ampliamente el problema para enfrentarlo de manera adecuada, ver más allá de lo evidente, para encontrar las causas y, en equipo con sus estudiantes, poner los correctivos, escuchando lo que el otro tiene en su interior y ha expresado en su actitud. No se trata de buscar culpables, sino de ver qué genera malestar, comportamientos inadecuados, discordias, cuáles son los intereses o necesidades que se ponen en juego para buscar que puede ser beneficioso para todos, desde un ejercicio de ceder lo posible. D. Hicks propone ante situaciones de conflictos simples:

1.- Declarar la propia posición en el conflicto y escuchar a los demás manifestar las suyas.
2.- Aceptar una base común.
3.- Atender a las posibles soluciones.
4.- Decidir qué ensayar.
5.- Ponerlo en práctica y más tarde evaluar su éxito.

Son pasos sencillos pero que pueden ser una ruta mínima en esta urgencia de aprender a vivir en los conflictos del ámbito escolar.

sábado, 30 de julio de 2011

El docente como militante de la paz

El papel del docente es clave en una educación para la convivencia y para la educación en general; pues él, antes que formar en competencias o contenidos, va a transmitir sus propias concepciones y actitudes de vida, va a enseñar lo que ES, por tanto, en relación a la paz, la tolerancia, el conflicto y la convivencia, él va a "enseñar" su propia manera de resolver conflictos, relacionarse con otros y dialogar.

Aquel docente que no asume el diálogo como medio de resolución de conflicto en su vida personal, profesional y como ciudadano, no podrá enseñar a sus estudiantes a hacerlo. Tampoco es posible si la educación para la convivencia en el centro educativo no se introyecta dentro de su propio proyecto y en los distintos sujetos involucrados. Por ello, consideramos que el aprendizaje de los valores que integra la convivencia como parte de su contenido, debe ser un proceso que involucra a todos,; es decir, no es asunto que deben aprender solo los estudiantes. 

Todos los educadores, al igual que los representantes y personal en general, deben desarrollar su propio proceso de formación acompañado y orientado, de tal modo que los valores y actitudes, conocimientos y habilidades para la convivencia puedan ser vividos por todos, creando así un ambiente y condiciones que permita el aprendizaje desde la "modelación" de los adultos responsables de la educación de nuestros muchachos (as).

Si algo nos queda claro, es que nos falta mucho para la construcción de una paz positiva, amplia, sólida. En esto lamentablemente nuestros dirigentes, estén en el gobierno o en la oposición, han demostrado grandes debilidades y desaciertos; no sólo ellos, también los ciudadanos comunes tenemos ataduras que impiden ver al que piensa distinto como un ciudadano que tiene derecho,  y que en su discurso hay una verdad que complementa la mía. 


Los educadores debemos asumirnos como ciudadanos que tienen una corresponsabilidad no solo en el centro educativo, sino en la vida cotidiana. Independientemente de nuestros afectos políticos,  religiosos, culturales, sociales, deberíamos participar en nuestras comunidades, pequeñas o grandes, en la construcción de puentes que permitan el encuentro de diferentes,  porque en ese espacio público, si unos contagian violencia, otros estamos llamados a contagiar paz, lo peor es dejarse arrastrar por la avalancha.

El desafío  de esta situación de crisis de convivencia, es justamente la construcción de una PAZ verdadera, todos estamos llamados a esta tarea; especialmente los educadores, a nosotros nos corresponde una labor hermosa, difícil, pero llena de sentido: la de sembrar esa paz en los niños, niñas, jóvenes y adultos de nuestros centros educativos, de nuestra familia y comunidad, pues es con ellos con quienes convivimos y a quienes nos debemos. 

sábado, 23 de julio de 2011

Convivir y resolver conflictos. Sugerencias para el aula

Hemos hablado de tres grandes aprendizajes para la convivencia: el diálogo, el análisis de la realidad personal y del entorno y el desarrollo de actitudes que manifiestan la valoración de la paz y la tolerancia. Todos estos aprendizajes deben desarrollarse a través de prácticas pedagógicas que promuevan la participación, la reflexión, análisis y vivencia de experiencias significativas. ¿Qué significa esto y cómo hacerlo? Vamos a explicarlo brevemente:

Promover la participación. No podemos promover el diálogo con prácticas autoritarias en el aula y centro educativo, aprender a dialogar implica construir la democracia como ambiente de trabajo. En el aula de clases podemos implementar varias estrategias de participación donde se pone en práctica la comunicación y el ejercicio democrático; entre ellas podemos señalar:
  • La asamblea de clase como espacio para el debate y toma de decisiones sobre problemas o temas de interés para los estudiantes, estos espacios son dirigidos por los mismos estudiantes con asesoría del docente;
  • El uso de carteleras, murales, periódicos, cartas de opinión y sugerencias, donde los alumnos hacen sus planteamientos libremente, señalan su posición ante las actividades del aula y centro educativo;
  • La mediación en los conflictos, donde el docente, estudiante o grupo de ellos asumen este papel en situaciones que se presentan en la cotidianidad del centro educativo y tratan de orientar hacia soluciones que beneficien a todas las partes, experiencias como los jueces de paz que se llevan a cabo en algunos centros son muy significativas en este sentido;
  • La planificación y evaluación participativa de los proyectos de trabajo, donde el docente en conjunto con los estudiantes define cuál será el plan de trabajo a seguir en el aula a partir de las inquietudes e intereses de todos y cómo evaluar su desarrollo y a todos los sujetos involucrados;
  • La organización de equipos de trabajo donde los compañeros pueden interactuar para la realización de las actividades, investigaciones, discusiones...; y por último,
  • El intercambio permanente entre el docente y alumno dentro y fuera del aula, desarrollando un estilo de intervención e interrelación basada en el diálogo.

Promover la reflexión y análisis de la realidad, tanto personal como del entorno: aquí tratamos de despertar la capacidad de reflexión ante los problemas de manera que se logre la objetivación ante ellos.

  • En relación a lo personal: para ayudar a reflexionar sobre las situaciones de crisis personales, las actitudes y valores, las heridas y potencialidades personales orientando hacia el desarrollo de su capacidad de juicio y autoconocimiento, podemos hacer uso de  ejercicios autobiográficos, historias de vida, dinámicas de conocimiento personal, la autoevaluación, dilemas morales, clarificación de valores, lectura reflexiva de fábulas, cuentos, parábolas, historietas.
  • En relación al entorno: para ayudar a desarrollar la capacidad de análisis de la realidad del entorno podemos detectar las causas, consecuencias, protagonistas, intereses en juego… de diversas problemáticas sociales, culturales y políticas haciendo uso de la lectura y análisis de la prensa y medios de comunicación de masas, ejercicios de reconstrucción histórica ( historia del barrio o escuela), estudio de casos, trabajos de campo sobre problemáticas sociales y ambientales, entrevistas a personajes de la comunidad, biografías sobre líderes sociales, debates, foros, uso de vídeos y canciones que provoquen la reflexión ante la situación.

En todas estas propuestas, tanto para lo personal como el análisis de la realidad, es importante provocar el cuestionamiento, para ello es muy útil el uso de preguntas de reflexión y la definición de marcos o modelos de referencia, porque permiten “ver un poco más allá” ampliando los razonamientos. Es importante desarrollar las habilidades para comprender, razonar y juzgar lo que acontece tomando en cuenta los distintos factores, elementos y sujetos que intervienen.

Poner en práctica actitudes de convivencia: se trata de hacer vida, manifestando en el comportamiento, valores como la paz y la tolerancia; para ello podemos promover experiencias como:
  • La organización de actividades culturales, deportivas, clubes estudiantiles.
  • Realización de experiencias de integración grupal, coevaluación, elaboración de compromisos y autorregulación de la conducta
  • Organización de acciones de cooperación en el centro educativo y comunidad.

Es necesario acompañar a los estudiantes y a todo el personal en el proceso de crear coherencia ente lo que decimos y hacemos; el hecho de apropiarse del discurso sobre el respeto a los demás, la convivencia o aceptación del otro, no necesariamente significa que en la práctica se actúe en función de ello. Lograr que los valores se descubran e internalicen es un proceso que dura toda la vida, por tanto el acompañamiento para ayudar a desarrollar comportamientos coherentes debe ser permanente, cercano y formativo.

sábado, 16 de julio de 2011

El aprendizaje para la convivencia como proceso permanente

Para vivir en paz y  enfrentar  adecuadamente los conflictos propios de la convivencia, necesariamente debemos desarrollar varios conocimientos, habilidades, actitudes y valores que recogemos en estos tres grandes aprendizajes:
Aprender a dialogar: es decir, aprender a decir nuestra palabra y a escuchar al otro. Para ello, es necesario apropiarnos del lenguaje en sus diferentes formas porque esto nos permite reafirmarnos; pero al mismo tiempo, es necesario aprender a callar, para dejar que el otro exprese su verdad y desde esa relación de habla y escucha poder complementarnos. La interacción con los demás sólo es posible a través del diálogo. Reconocer al otro y que el otro me reconozca sólo es posible si logramos conectarnos en esa relación de habla y escucha.

Aprender a analizar la realidad: en otras palabras, aprender a conocer e interpretar los hechos y situaciones que se presentan en la vida personal y en el entorno. Somos seres humanos con un mundo interior, situados en un contexto específico; convivimos en un espacio con unas determinadas condiciones socioculturales, económicas, políticas… saber cuál es esa realidad personal y social, los elementos que la definen, los problemas y conflictos que se viven, por qué se generan, los distintos sujetos que intervienen, nos ayuda a tener elementos para reaccionar con sensibilidad y mayor objetividad ante los problemas y conflictos personales y sociales  ubicándolos en su justo lugar. Lo que es lo mismo, aprender a ponernos en los zapatos del otro desde el conocimiento  de su realidad para comprenderlo.

Aprender a valorar la paz y la tolerancia: es decir, asumir la no violencia como medio de resolución de conflictos y aceptar la diversidad de la que formamos parte. Es necesario descubrir que todos tenemos derechos y deberes que nos permiten convivir a pesar de las diferencias, que la diversidad es sinónimo de riqueza y que la paz es el camino de realización humana, una actitud ante al vida. Asumir esto implica desarrollar actitudes concretas en la relación con los demás y en la resolución de conflictos que van acordes con esos valores; si no valoramos la paz, no actuaremos pacíficamente; si no valoramos la diversidad, no respetaremos al otro.

Podemos formar para el aprendizaje del diálogo, el análisis de la realidad y la valoración de la paz o la tolerancia si asumimos estos aprendizajes en una dinámica de proceso, al igual que todos los aprendizajes relacionados con la formación de valores.

Esto significa, por un lado, que educar para la convivencia y el conflicto es un aprendizaje que lleva tiempo, se da paso a paso, los resultados no se ven en corto tiempo; y por otro, que asume las distintas dimensiones de la persona: su individualidad, su relación con los demás, su ubicación en el entorno y su espiritualidad, pues la convivencia, desde el marco de una educación de valores humanos pasa por el crecimiento individual en cada uno de estos aspectos. 

Educar para la convivencia debe ser un aprendizaje permanente en ese camino coherente y claro que debemos seguir para formar a las personas que tenemos en los centros educativos. El estudiante de diversificado difícilmente resolverá conflictos pacíficamente, si no hemos propuesto experiencias de aprendizaje desde que ese estudiante estaba en el preescolar. Esto supone la clarificación de la educación en valores en el currículo, asumiendo en él la formación para la convivencia.