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ventana abierta para aportar en este
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sábado, 13 de agosto de 2011

Los conflictos en el centro educativo

En educación solemos encontrarnos con situaciones conflictivas entre grupos de estudiantes de distintas edades, entre grupos de un mismo salón de clases, entre representantes y docentes, docentes entre sí, docentes y equipo directivo… Jares Xesús propone una clasificación de los conflictos que se presentan en la institución escolar en función de sus causas:

1.- Idiológico-científicas: opciones contrapuestas tanto en el plano pedagógico, ideológico (definición de escuela) u organizativo. También cultura o culturas escolares que conviven en el centro, etc.
2.- Relaciones con el poder: control de la organización, promoción profesional, acceso a los recursos y toma de decisiones, etc.
3.-Relacionadas con la estructura: ambigüedad de metas y funciones, celularismo, debilidad organizativa, etc.
4.- Relacionadas con cuestiones personales y de relación interpersonal: estima propia, afirmación, seguridad, insatisfacción laboral, comunicación deficiente y/o desigual, etc.

Detallar esta clasificación es interesante por cuanto nos permite ubicar el conflicto más allá del comportamiento de los estudiantes; pues normalmente para los educadores, los protagonistas de los conflictos son ellos, cuesta visualizar que pueden existir, y de hecho existen, muchas situaciones conflictivas en las diferentes relaciones que establecemos en el centro educativo, donde estamos involucrados los educadores o personal en general.

El directivo es mediador en estos conflictos, negociador que busca los puntos de encuentro de las partes, donde muchas veces él mismo no está exento. Ello supone la creación de una dinámica de funcionamiento que permita la comunicación permanente, el trabajo de equipo, la construcción de un marco de convivencia, el fortalecimiento de las relaciones sociales que se establecen sobre la base de un proyecto común.  Lo peor que puede hacer el directivo como líder es no escuchar, dejar pasar, alinearse. La manera de enfrentar estas situaciones de conflicto, sugiere un “modelo” de comportamiento a seguir que forma parte del currículo oculto que se introyecta en la cultura escolar, y se “aprende”, aunque no estemos dando una clase sobre el tema. Esto implica que aprender a dialogar, llegar a acuerdos, ceder, ser tolerante con el diferente, ser asertivo… debe ser parte del estilo de relaciones escolares de todos los sujetos, y el director como líder debe promover ese estilo humanizador.

Por otra parte, en los conflictos con los estudiantes, la respuesta reactiva del educador genera mayores malestares y, lejos de ser camino para su resolución, se convierte en “leña” que aviva el fuego. Es necesario detectar lo que ocasiona el conflicto para poder encontrar su solución adecuada. Cuando un alumno habla mucho en clase, no presta atención, molesta o agrede a los compañeros solemos etiquetarlo, consideramos que el problema es él, porque no acata las normas, por tanto lo sancionamos y reprimimos sin analizar la situación. No caemos en cuenta de que probablemente haya una contraposición entre la naturaleza del estudiante y la norma de la escuela, los intereses del estudiante y lo que estudia en clase, las necesidades de afecto y el trato del docente o sus compañeros, la experiencia de vida y el patrón de conducta que esperamos.

La actitud del educador debe ser evaluar ampliamente el problema para enfrentarlo de manera adecuada, ver más allá de lo evidente, para encontrar las causas y, en equipo con sus estudiantes, poner los correctivos, escuchando lo que el otro tiene en su interior y ha expresado en su actitud. No se trata de buscar culpables, sino de ver qué genera malestar, comportamientos inadecuados, discordias, cuáles son los intereses o necesidades que se ponen en juego para buscar que puede ser beneficioso para todos, desde un ejercicio de ceder lo posible. D. Hicks propone ante situaciones de conflictos simples:

1.- Declarar la propia posición en el conflicto y escuchar a los demás manifestar las suyas.
2.- Aceptar una base común.
3.- Atender a las posibles soluciones.
4.- Decidir qué ensayar.
5.- Ponerlo en práctica y más tarde evaluar su éxito.

Son pasos sencillos pero que pueden ser una ruta mínima en esta urgencia de aprender a vivir en los conflictos del ámbito escolar.

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