¡BIENVENIDOS (AS)!

Educar en valores es una tarea trascendente y urgente. Este espacio quiere ser una pequeña
ventana abierta para aportar en este
camino extenso y difícil.
Mantengamos encendida esta llamita porque, junto a otras,
podemos hacer fogata.

martes, 7 de agosto de 2012

Algo grande pasó


Era el 31 de julio de 1982. Los más jóvenes aún no dejábamos  los 16 años, los “mayores” apenas estaban alcanzando los 18. Era el último día de una fiesta que empezó para muchos en el “kínder”, para otros en el primer año de bachillerato, unos pocos se sumaron en el primer año de ciencias. 13 años, 5 años o 3 años… ; lo cierto es que el Colegio Gonzaga nos marcó a todos y todas en ese tiempo especialmente hermoso, años en que compartimos la experiencia de irnos haciendo grandes, en los que descubrimos juntos lo que es aprender, en que vivimos el gran significado de la palabra amistad.

Aquella mañana nos sentimos más que nunca portadores del águila representada en nuestro escudo, cantamos con más ímpetu que otras veces “Somos Gonzagas valientes”… Allí, rodeados de nuestras familias, saboreando el logro afortunado de una meta, se paseó por nuestra memoria la película de lo vivido en nuestras aulas, en las expediciones a la montaña, en los campamentos misión, en tantos espacios y situaciones que se presentaron en nuestro paso por el colegio.  Allí, ese día, cada uno, esperando expectante ser nombrado para recibir el título, dimos GRACIAS a Dios porque había sido bueno con nosotros.

Hace 30 años de ese episodio que simbólicamente nos abrió paso a forjar la vida de grandes. Quizás, en aquel momento, aún no notábamos la trascendencia de habernos encontrado  como estudiantes de un colegio que nos enseño a vivir para  “Mayor Gloria de Dios”. Pero, hoy podemos decir con certeza, que algo grande nos pasó en esas aulas, canchas y oficinas; algo grande nos marcó a través de todas las experiencias que tuvimos fuera del colegio, acompañados por la entrega total de los jesuitas, las hermanas que se donaron a la educación de generaciones enteras y al colectivo de educadores que apostaron por esta empresa.

Hoy tenemos unas cuantas canas, unos kilos de más y algunas arrugas que nos van diciendo  que el tiempo pasa; pero a pesar de él o junto con él, esa chispa que nos sembró permanece viva y nos mueve a reencontrarnos. 30 años después estamos buscando pistas porque queremos redescubrir nuestro tesoro, estamos ubicándonos porque no podemos dejar de decirnos que seguimos teniendo “fe e ilusión”, que   generosamente ofrecimos nuestros talentos para las familias que hemos sembrado, para el trabajo bien hecho y el país que no hemos dejado de soñar.

Algo grande hizo el colegio Gonzaga de Maracaibo en nosotros, lo decimos después de muchos días y noches transcurridos.  Algunas palabras pueden ser clave: entrega, valores, acompañamiento, voluntad, símbolos, experiencia, Jesús, grupo, montañismo… Ojalá que todas ellas puedan convertirse en antorcha para, generosa, iluminar a otros que están en la misma labor de formar el corazón, la mente y espíritu de los jóvenes de Venezuela.

En realidad, la fiesta nunca terminó,  por eso hoy, ahora, seguimos celebrando la VIDA, la historia que nos une, las luchas que hemos tenido con sus victorias y fracasos, el amor que nos dieron y que aún sigue en nosotros, y especialmente, el deseo de seguir andando “por un nuevo despertar”. Que estos 30 años sigan multiplicando en nosotros el afán de dar lo mucho que se nos regaló.

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